Foto: Panel de emprendedores en lanzamiento del libro Emprendedores en crecimiento. De izquierda a derecha: Iván Luna, Germán Acevedo, Pedro Tosín, Daniel Rosas, Yanneth Díaz y Jorge Soto.

El pasado 30 de junio, en la Universidad de los Andes lanzó el segundo tomo de una investigación que pone al descubierto las claves para el crecimiento rápido de los emprendimientos nacionales.

En el 2014 un grupo de investigadores de la Facultad de Administración comenzó un estudio en el cual se encuestaron 382 empresas de 16 departamentos y se entrevistaron a 105 emprendedores líderes en ocho ciudades.

Luego de analizar características de las empresas, de los equipos directivos y los individuos que las conforman, los investigadores Rafael Vesga, Martha Rodríguez, David Schnarch y Oliver García publicaron en junio de 2015 el primer tomo de Emprendedores en Crecimiento, una radiografía de las empresas que crecieron más rápido en ventas y rentabilidad respecto a su sector entre 2012 y 2014 (el libro se puede descargar gratis aquí).

De esa primera muestra estudiada, el 62% de las empresas son familiares (el 70% de las empresas en Colombia son familiares) y el 73% comenzó a facturar después del año 2000. Es decir, son empresas jóvenes. Venden en un 82% a clientes que son también empresas, no a personas naturales, y con frecuencia a un solo cliente vital. Como opina uno de los autores, esto es, probablemente, porque “las dificultades asociadas a la distribución en el país impiden lograr una empresa de rápido crecimiento a partir de la facturación a consumidores finales”.

En el caso de las personas, la investigación encontró que las empresas que más crecieron tienen socios emprendedores entre 26 y 40 años de edad que quieren generar un cambio con su producto y dejar una huella en la sociedad. Provienen de carreras como la ingeniería y la tecnología (37%), la administración (32%), el diseño y las humanidades (13%) y las ciencias sociales (8%).

Su debilidad como empresarios proviene de su fortaleza como profesionales: la mayoría de los emprendedores son técnicos –ingenieros, economistas, diseñadores, etc. – y no son gerentes. De hecho, la investigación encontró que el 67% de los emprendedores no tenía experiencia previa en la creación de una empresa. Un desafío enorme, porque en los casos en los que uno o más de los socios han creado otra empresa en el pasado, en cualquier sector, los rangos de crecimiento se registran entre los más altos.

Los emprendimientos que más crecen son los que, desde las etapas tempranas, lograron escuchar a los clientes. Este es un punto fundamental: la habilidad del equipo de hacer negocios y desarrollar clientes resulta determinante; no obstante, es más escasa que las habilidades técnicas. Si el equipo directivo no acierta en el manejo de clientes y el desarrollo de productos, hay pocas posibilidades de acelerar las ventas.

Todos estos atributos son propios de una buena gerencia. Porque, por buena que sea la idea de negocio, sólo el cedazo del mercado puede definir su futuro como empresa. Las ventas son eso: un indicador de que la gente está dispuesta a pagar por algo. Muchos de los emprendedores entrevistados contaron que al principio no sabían si los clientes comprarían su producto. Pasaron por un proceso de ensayo y error, de reajuste a las necesidades del mercado. Esta adaptación constante es la clave del emprendimiento dinámico, es decir, aquél que se apropia de un conocimiento para crear un producto nuevo, o quizás cambiar la forma de prestar un servicio o de hacer un negocio.

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