Por: Alejandro Schnarch[1]

Los emprendimientos dinámicos son proyectos innovadores que están en capacidad de crecer de manera rentable, rápida y sostenible en el tiempo, es decir, que tienen alto potencial de crecimiento que puede deberse a la calidad de su equipo emprendedor, la mejora de una buena idea existente, o porque interviene en nichos de oportunidades no cubiertos. Para Latinoamérica, Kantis y Díaz señalan que un emprendimiento dinámico es aquel que nace como microempresa, pero crece tan rápidamente que se convierte en mediana empresa en los primeros cinco años[2].

Éstos no están necesariamente basados en conocimiento sofisticado, pero generan alto valor agregado y pueden diferenciarse de otros porque tienen un modelo de negocio, producto o servicio innovador que les da una ventaja competitiva –puede ser tecnológica o no – para convertirse en una mediana empresa. Este tipo de negocios están en condiciones de reinvertir y de registrar un nivel de ventas significativo en una década, además crecen por encima de la media de su sector[3].

De acuerdo a investigaciones realizadas países de la región, los emprendedores de carácter dinámico en América Latina se caracterizan por ofrecer productos o servicios diferenciados, principalmente orientados a empresas, siendo en su mayoría liderados por hombres, con educación superior, con experiencia laboral relacionada con la actividad de su empresa, que emprenden para alcanzar realización personal y contribuir con la sociedad, y que utilizan con eficacia sus redes de contacto para la obtención de recursos[4].

Según el estudio “Emprendedores en Crecimiento[5], los emprendedores perciben que la competencia más importante del equipo directivo de sus empresas es el desarrollo de su producto o servicio, señalado en el 44 % de los casos[6]. Por ello me parece pertinente comentar sobre una interesante alternativa, me refiero a la co-creación con el cliente.

En realidad, esto está basado en algo relativamente simple: “si no puedes satisfacer a tus clientes con los servicios o productos que les ofreces, involúcralos en el proceso creativo de generar nuevas ideas de acuerdo a sus necesidades y gustos. A este proceso de involucrar a los grupos de interés o beneficiarios para generar nuevas propuestas se le conoce como co-creación. No se trata solamente de obtener un feedback por parte del usuario, sino que aporte sus ideas en las distintas etapas del proyecto”[7].

La co-creación con los consumidores se ha convertido en un nuevo paradigma en el desarrollo de nuevos productos y servicios. Para Tapscott y Williams, “la idea según la cual las personas que utilizan productos deben contribuir a su diseño y producción no es nueva. En la historia de la invención se han producido muchos episodios de creatividad impulsada por el usuario, como bien han señalado estudiosos como Eric von Hippel, profesor del MIT. En Inglaterra de principios del siglo XIX, los creadores de las máquinas de vapor Cornish colaboraron abiertamente con propietarios de minas para mejorar la eficacia de las máquinas”[8].

Dicen estos autores que “las compañías, a menudo, se resisten a la innovación de los clientes o las ignoran: Los fabricantes de automóviles tardaron más de una década en inventar la camioneta, después que los agricultores estadounidenses llevaran años arrancando los asientos traseros de los vehículos para introducir productos y herramientas”[9].

Por otra parte, muchas veces las técnicas utilizadas tradicionalmente para realizar investigaciones de mercados tienen limitaciones, pues se centran en soluciones, más no en el consumidor. El problema consiste en la dificultad que tienen los clientes para enunciar sus necesidades o ser conscientes de ellas y de las pocas posibilidades existentes para satisfacerlas; de ahí que generalmente estas técnicas proporcionan perspectivas que se traducen en innovaciones incrementales.

Para superar estas dificultades, se han desarrollado otro tipo de indagaciones, centradas en la experiencia y en las actividades que el consumidor o usuario realiza. Este tipo de investigación, que se apoya en la etnografía, tiene como objetivo lograr una comprensión mucho más profunda de las necesidades de los clientes. La idea que subyace en este tipo de técnicas es que observar lo que las personas necesitan es distinto a preguntarles lo que quieren.

Los estudios etnográficos utilizan técnicas que se basan en la observación, pero también en escuchar atentamente, aunque siempre en el contexto en el que la persona realiza las actividades relacionadas con el proyecto. “En el mundo de los negocios, la antropología y la etnografía, como una de sus herramientas más valiosas, no se suman como una técnica más a la hora de investigar el mercado. La diferencia básica: no aíslan al sujeto durante un tiempo para observarlo como el típico focus group, ni lo predisponen con un cuestionario en el que, con demasiada frecuencia, las respuestas se esconden en las preguntas. Lo estudian en el contexto natural y social en el que se mueven naturalmente”[10].

Adicionalmente, en la actualidad con los medios digitales, los clientes tienen un gran poder: conversan, opinan e incluso desarrollan ideas. La integración activa de los conocimientos, las ideas y la creatividad de los consumidores está impulsada por esta realidad social “online”. Esa información puede ser escuchada y analizada sistemáticamente, lo cual brinda valiosas ideas que pueden ser utilizadas por las organizaciones.

Otro concepto relacionado, es el Crowdsourcing, del inglés crowd (multitud) y outsourcing (externalización), que se podría traducir al español como colaboración abierta distribuida, que consiste en externalizar tareas que, tradicionalmente, realizaba un empleado o contratista, a un grupo numeroso de personas o una comunidad, a través de una convocatoria abierta. Se trata de lo que se podría denominar innovación abierta.

Jorge Andre Lewis Urizar dice al respecto, “las compañías comienzan a reconocer el talento disponible en el exterior (innovación abierta) recurriendo a colaboraciones con otras empresas e instituciones para acelerar y optimizar su innovación”[11], agregando que “Las ventajas de la innovación abierta son varias. Reduce el riesgo de fracaso técnico, reduce y reparte los costes con otros colaboradores y convierte parte de los costos fijos en costos variables (dependiendo de la forma de colaboración). Por otro lado, requiere un notable esfuerzo de coordinación, la propiedad industrial queda muy desprotegida si no existe una estrategia clara y precisa, y, por último, no es aplicable en cualquier sector”[12]

En el modelo clásico de la innovación cerrada, el diseño y la innovación se dan en laboratorios internos de los que salen productos y servicios que se comercializan en mercados donde son adquiridos por los usuarios. En este proceso no se aprovecha la experiencia de los usuarios al no existir mecanismos de retroalimentación (o ser muy lentos) y al ser mercados de masas donde es el usuario el que se adapta al producto más que a la inversa. En este contexto el “laboratorio” de I+D y el mercado son los elementos dominantes[13].

El emprendimiento dinámico implica, por definición, la innovación, pero ésta no es sólo para comenzar una organización. Para que una empresa progrese, sea competitiva y continúe su crecimiento, debe continuar innovando e incluso desarrollando nuevos productos y/o servicios, pero siempre en concordancia a los deseos y expectativas del mercado.

Como se ha comentado en otra oportunidad, una fuente recurrente de errores proviene de alejarse de los clientes y usuarios. Definitivamente la oferta de valor debe corresponder a las necesidades del mercado, y quién mejor que ellos mismo, para ayudar a definirla y estructurarla en un proceso de mejoramiento continuo.

Por eso, las alternativas comentadas, pueden ser una fuente interesante para ayudar a los emprendimientos dinámicos.

 

 

[1] Ideas extractadas del libro del autor “Desarrollo de Nuevos Productos”. McGraw-Hill Iberoamericana. 6ª. Edición 2014

[2] Gabriel Hidalgo, Marco Kamiya y Mario Reyes: Emprendimientos dinámicos en América Latina. SERIE POLÍTICAS PÚBLICAS Y TRANSFORMACIÓN PRODUCTIVA, N° 16 / 2014. Pág. 15

[3] Ruta N, Medellín. http://rutanmedellin.org/es/recursos/abc-de-la-innovacion-rutan/item/emprendimiento-dinamico

[4] BID-FUNDES INTERNACIONAL. Desarrollo Emprendedor: América Latina y la Experiencia Internacional. Kantis, H. (ed), Angelelli, P. y Moori, V (colaboradores). 2004.

[5] Vesga, Rodríguez, Schnarch y García: Emprendedores en Crecimiento. Universidad de Los Andes, Confecámaras. 2016. Pág. 55. http://emprendedoresencrecimiento.com/

[6] Investigación con 332 empresas de emprendedores dinámicos en 37 ciudades en Colombia

[7] Cristina Pombo: Co-creación, crowdsourcing, hackatón e innovación abierta ¿más que una moda? http://blogs.iadb.org/puntossobrelai/2015/08/21/co-creacion-crowdsoursing-hackaton-e-innovacion-abierta-mas-que-una-moda/ Agosto 21, 2015

[8] Don Tapscott y Antony D. Williams: Wikinomics. Paidos, Argentina 2007. Pág. 194

[9] Ídem. Pág.195

[10] Graciela González Biondo: En vivo y en directo. GESTIÓN, Colombia, Enero 2007. Pág. 52

[11] Jorge Andre Lewis Urizar: Un enfoque más amplio de innovación abierta. 12 febrero 2012. http://www.eoi.es/blogs/jorgeandrelewis/2012/02/12/innovacion-abierta-e-innovacion-dirigida-por-los-usuarios/

[12] Ídem.

[13] Juan Freire: Modelos de innovación abierta: Espacios y tiempos. http://nomada.blogs.com/jfreire/2013/02/modelos-innovacion-abierta.html?utm_source=feedburner&;utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+JuanFreire+%28Juan+Freire%29&utm_content=Google+Reader 18 febrero 2013

Foto: http://www.freepik.es/vector-gratis/equipo-creativo_767017.htm