Por: Sofía Mejía

La inteligencia emocional es un componente fundamental del éxito emprendedor en el largo plazo. Los emprendedores suelen ser personas apasionadas, convencidas de sus ideas y capaces de proyectar niveles extraordinarios de energía cuando se enfocan en su idea de negocio. La pasión y la emoción, sin embargo, pueden convertirse en los peores enemigos del emprendedor si las descarga sobre otros cuando las circunstancias son inapropiadas. El emprendedor debe manejar sus emociones, pues pueden ocurrir graves problemas cuando las emociones manejan al emprendedor.

 

Situémonos en el siguiente escenario: tres amigos de la universidad desarrollan una idea de negocios que tiene un éxito rotundo. La empresa entra en una etapa de crecimiento acelerado. En un momento dado, uno de los emprendedores tiene una fuerte discusión con el principal inversionista, pues no comparte sus puntos de vista en torno a una decisión. El emprendedor le grita al inversionista exactamente lo que está pensando. El inversionista, ofendido y maltrecho, decide presionar a la junta para sacar al fundador de la dirección de la empresa.

 

Situaciones como esta ocurren con gran frecuencia. Diversos estudios han mostrado que la inteligencia emocional es el principal predictor del éxito, pero pocos emprendedores poseen esta habilidad. Daniel Goleman, quien formuló la teoría de la inteligencia emocional,  identificó que es el Coeficiente Emocional (EQ), y no el Coeficiente Intelectual (IQ), el factor de mayor impacto en el éxito profesional de un individuo. Goleman descubrió que, si bien un alto IQ tiene una alta importancia en el desempeño, este factor no es raro, de hecho, es usual que para cada oportunidad que se abre para reclutar un nuevo miembro de un equipo directivo aparezcan múltiples candidatos con alto IQ. Sin embargo, el EQ es un diferenciador cuya importancia se hace mayor a medida que las personas se acercan a los cargos de dirección.

 

La inteligencia emocional es la capacidad de identificar y manejar las emociones en uno mismo y en los demás. El  EQ esta compuesto por cuatro habilidades fundamentales, que se pueden adquirir y mejorar a través de la practica. La primera es la conciencia, la capacidad de identificar las emociones propias y estar vigilante sobre  ellas mientras se despliegan. La segunda es la autocontrol, que consiste en utilizar la conciencia sobre las emociones que se sienten para conducir el comportamiento que sigue a la emoción de manera positiva. La tercera es la conciencia social o empatía, que es la capacidad de identificar las emociones que otras personas están sintiendo. La ultima es el manejo de las relaciones, que consiste en utilizar la conciencia acerca de las emociones propias y las de los demás para manejar las interacciones interpersonales apropiadamente. Un EQ alto es necesario para un emprendedor que pretenda crear un ambiente de trabajo positivo e inspirar a los trabajadores para dar lo mejor de si mismos.

 

Quizás la mejor manera de entender la importancia de la inteligencia emocional en un emprendimiento sea escuchar testimonios de parte de emprendedores experimentados, quienes han vivido las consecuencias de permitir que las emociones tomen el control y  han aprendido a manejarlas para lograr sus metas.

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Zulma Guzmán, fundadora de Car B, sostiene que un emprendimiento es como “una montaña rusa y uno tiene que tener la fortaleza para aguantar todo”

Zulma Guzmán siempre ha sido emprendedora. Actualmente lidera Car-b, una plataforma que permite a los usuarios identificar un automóvil y alquilarlo rápidamente. La diferencia frente al alquiler tradicional está en que con Car-b es posible tomar el carro durante períodos cortos de tiempo y, además, el usuario puede encontrarlo y dejarlo en un parqueadero cercano. Es una solución ideal para personas que no quieren tener carro y solamente necesitan uno en forma esporádica  y durante períodos breves.

 

Este no es el primer emprendimiento de Zulma. La primera empresa que desarrolló fue un centro de yoga, en sociedad con algunos amigos. Zulma confiesa que, en el pasado, su bajo manejo de las emociones la llevó a resultados poco convenientes.  Cuando ella se dio cuenta de que el centro de yoga no iba a tener éxito, le pareció que lo mejor era acabar con el negocio. Sin embargo, sus amigos no pensaban lo mismo. La reacción de Zulma fue pelear con ellos y tomar la decisión que ella consideraba correcta. Más adelante, Zulma creó una empresa de renovación urbana. Allí solía  buscar imponer sus decisiones sin escuchar a sus socios, lo que creó conflictos y llevó a la terminación de la empresa.

 

Después de pasar por situaciones como estas, Zulma se dio cuenta de que tenía un patrón de comportamiento que no llevaba a resultados exitosos y decidió poner en práctica la la primera habilidad del EQ, para hacer conciencia de la necesidad de controlar su personalidad impulsiva en sus interacciones con sus socios. Se sometió a un proceso de coaching, donde ha aprendido a desarrollar las demás habilidades del EQ y a ser menos impulsiva, ponerse en los zapatos del otro y tranquilizarse antes de tomar decisiones. Aunque sabe que aún tiene mucho que aprender, en este nuevo emprendimiento ha conseguido mantener un equipo de trabajo entusiasta y ha logrado delegar tareas y permitir que otros tomen decisiones.

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Juan Pablo Rey, fundador del Grupo Enlace y otras empresas: “Tener un emprendimiento te convierte en un luchador”.

Juan Pablo Rey es un emprendedor compulsivo, de larga trayectoria, que también ha tenido que hacer un aprendizaje laborioso sobre inteligencia emocional. Actualmente, Juan Pablo  tiene tres empresas: Eslabón Estratégico, Distribuimos y Dynt. Estas componen el Grupo Enlace, cuyo objetivo es conectar eslabones en las cadenas de suministro, mediante una acción concertada que se ocupa de generación de demanda, distribución y ventas.

 

Al hablar con Juan Pablo, se tiene la percepción de que es una persona calmada. Sin embargo, eso no siempre fue así. Antes, afirma Juan Panlo, las emociones eran dueñas de él y no tenia la habilidad de la autogestión. Esto lo llevó a cometer errores serios en sus emprendimientos. En algún momento, por ejemplo, una de sus empresas logró un nivel de éxito importante, con ventas crecientes y muy buena respuesta de clientes. Hoy, Juan Pablo reconoce que ese éxito lo condujo a tomar acciones equivocadas. Llevado por la emoción, invirtió en una empresa de tecnología y contrato muchos trabajadores. Sus emociones le nublaron el juicio y la euforia lo llevó a asumir gastos exagerados. Más adelante, las circunstancias cambiaron y la empresa se fue a la quiebra.

 

Esa experiencia le sirvió a Juan Pablo para ser más consciente del poder de las emociones y a buscar ponerlas en perspectiva, pensando con más calma y escuchando más a otros.  A través de estas experiencias ha desarrollado habilidades de inteligencia emocional, como la capacidad de controlar sus comportamientos y ser consciente de las emociones de los demás antes de tomar las decisiones apropiadas. Ese cambio en su forma de aproximarse a los negocios fue clave para lograr un nuevo rumbo. Juan Pablo logró recuperarse creyendo en si mismo y hoy en día tiene 100 trabajadores que confían en él.  

 

Para muchos emprendedores, el manejo de las emociones se convierte en el Talón de Aquiles que destruye sus logros. Así como las emociones pueden ser la fuente de energía que permite insistir para sacar adelante una idea y retar paradigmas, también pueden generar comportamientos destructivos. Una parte importante de la formación de un emprendedor es aprender a identificar sus emociones y las de los demás, tanto positivas como negativas, para entenderlas en su contexto y manejarlas adecuadamente. Los emprendedores que no son conscientes de esto corren un alto riesgo de perder el rumbo en coyunturas decisivas, cuando las presiones son grandes, la información es limitada y  el tiempo es escaso. Quienes no se preparan con tiempo para enfrentar esas situaciones, suelen pagar cara esta omisión.

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