Imagen obtenida de inmentor.net

 

Por: Sofía Mejía

 

Un componente que hace parte de un emprendimiento exitoso es la innovación. Al desarrollar una solución que aun no se encuentra en el mercado, para satisfacer una necesidad, es posible que el emprendedor tenga en sus manos una idea patentable. Sin embargo, la falta de conocimiento sobre el tema es motivo para la pérdida de oportunidades. Patentar un producto, servicio, marca, etc. es importante ya que esto le brinda protección al modelo de negocio y genera oportunidades comerciales.

 

En el último reporte de competitividad del Foro Económico Mundial, Colombia quedó en el puesto 62 entre 119 países por el número de patentes tramitadas al año por cada millón de habitantes. A Colombia la superan en Latinoamérica países como Uruguay, México, Costa Rica, Brasil y Chile el cual tramita 8,8 patentes por cada millón de habitantes al año. Las patentes juegan un papel importantísimo en el desempeño de la economía y en el grado de innovación de los países. Los emprendedores que desarrollan una nueva tecnología para atender necesidades insatisfechas de la población deben acudir a las patentes para obtener la protección intelectual de sus invenciones. En la medida que los estudiantes, o cualquier miembro de la sociedad, enfoquen sus emprendimientos en proyectos con un alto grado de originalidad, podrán realizar una serie de pasos y acciones para así proteger sus invenciones.

 

Hay diferentes organismos cuyo propósito es acompañar y ayudar a los emprendedores el proceso de patentar sus invenciones. En la Universidad de los Andes la Oficina de Transferencias es la encargada de ayudar a la comunidad uniandina en el proceso de protección y comercialización de sus proyectos. El principal objetivo de la oficina es ser un vínculo entre la universidad y la industria; transferir el conocimiento y las tecnologías que produce la comunidad a las empresas.

 

El primer paso para aquellas personas que desean utilizar los servicios de la oficina de transferencia es la declaración de intención. Esta consiste en que el investigador contacte, ya sea por email, llamada, o presencial, al equipo humano responsable de ofrecer los servicios y expresar que tienen algo comercializable con un impacto económico/social. El siguiente paso es que el equipo se siente junto con el investigador para evaluar realmente este que tiene. Luego, se hace un estudio para determinar si se puede proteger. De acuerdo a Alejandro Echeverry, gestor de proyectos de la Oficina de Transferencia, “la protección es una parte muy importante porque tu no puedes vender algo que no sea tuyo”. El siguiente paso es validar el producto, buscar el mercado objetivo e identificar las posibles empresas que estarían dispuestas a comprarlo. Por último, es importante asegurarse que el producto esté bien desarrollado para luego comercializarlo. Todo el proceso se hace en conjunto con el investigar ya el propósito es que este aprenda y pueda hacerlo por sí mismo.

 

Existen dos tipos de propiedad intelectual, los derechos de autor y la propiedad industrial. Los primeros son “productos de la imaginación o creación humana”, lo segundo es todo lo que pueda solucionar un problema de la industria. Para saber si un proyecto es propiedad industrial, primero hay que evaluar cada parte de este en cuanto a su novedad, nivel inventivo y si realmente soluciona algún problema de la industria. Luego se identifica cual es la manera más apropiada de proteger cada parte ya que no se puede proteger el proyecto entero. Un ejemplo expuesto por Alejandro es  una aplicación la cual esta compuesta por un software, la aplicación como tal y una marca. Cada uno de estos elementos se puede proteger de una manera diferente ya sea a través de un software, una patente o una marca. Es común que los emprendedores asuman que su proyecto no se puede patentar porque ya se encuentra en el mercado, o porque publicaron una investigación acerca del proyecto, pero es posible que alguna parte de este se pueda proteger. Es importante que los emprendedores busquen apoyo y un seguimiento para evaluar el potencial de sus invenciones.

 

Según Alejandro, el interés de investigador es determinante ya que el proceso puede variar de acuerdo a esto. Hay tres casos que se presentan comúnmente: el investigador que desea desarrollar más a fondo su proyecto, aquel que tiene un producto listo pero no desea emprender y el investigador que desea emprender. Para el último escenario, el paso de la validación es fundamental ya que a partir de los resultados se decide si es mejor licenciar o si efectivamente tiene potencial para realizar un emprendimiento, caso en el cual se haría un acompañamiento con el Centro de Emprendimiento de la universidad.

 

Para el próximo año, la oficina de transferencia llevará a cabo acciones de formación con el objetivo de educar a la comunidad uniandina en la importancia de la propiedad intelectual. Para los estudiantes se realizarán cursos tanto curriculares como extracurriculares y para los profesores consejos de departamento, programas de desarrollo profesoral, educación continuada. El propósito es que conozcan el proceso que se debe seguir para proteger un proyecto y sepan las preguntas que se deben plantear.

 

Según Alejandro, “la mayoría de emprendedores no saben para qué sirve una patente, en general la propiedad intelectual es una ventaja competitiva.” Debido a la falta de conocimiento y falsas creencias, los emprendedores están perdiendo una oportunidad de diferenciarse en el mercado. Es necesario promover y apoyar la generación de patentes en Colombia ya que este es un indicativo del nivel de innovación y desarrollo del país.

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